Susy : un Shock de poesía
Por: Edgardo Berón
En su ciclo habitual Café
de la Sea, la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina recibió anoche
a Susy Shock, quien leyó varios
poemas de su autoría, que demostraron el crecimiento de su obra y la calidad
literaria que ha alcanzado. Además, su manera de decir, su evidente histrionismo
y porque no decirlo, sus condiciones actorales, daban un importante relieve y
generó un clima propicio para que el público, de a poco, se sintiera envuelto en un clima de
seducción, casi de hechizo.

Sería mezquino y hasta miope definir a la obra de Susy como
poesía de género o trans; si bien es cierto que hay marcados motivos que
abordan esa temática, sus poemas apuntan a un espectro más amplio: el de la
discriminación a secas. En tal sentido, la negación de un humano hacia el otro
por la condición que sea, por el solo hecho de la diferencia. El gay o la
lesbiana pero también, aunque no lo diga expresamente, el gordo, el discapacitado.
Un otro a negar y a borrar de la vista del discriminador.
Susy Shock también reflexiona y se permite filosofar sobre otros
tópicos: la risa, el beso, además de cuestionar a las instituciones sin reparos ni
tapujos. Provoca sin cesar, pero sin golpes bajos y cuando es más dura y
descarnada, la emprende en contra de sí misma; como cuando se trata de monstruo para
definir su elección de género y choca, golpea a quien la escucha, tal vez
porque pone al espectador en situación del otro, del que fue o es discriminado,
atacado, prohibido, negado.
También rinde homenaje en vida, como corresponde, a un
poeta, tal vez el mejor de los vivos: Fernando
Noy y le dedica un poema bello, tan lindo como Noy y su obra.
Tampoco Shock se olvida de los muertos y el genial Batato
Barea y Pipitito Marrone y otros tantos personajes de la noche y del
espectáculo desfilan en sus versos.
Noche atípica, 8 N y en el Once no sonaban las cacerolas, abajo el silencio
de una estación de trenes parada y arriba, en el segundo piso, un puñado de escritores y público
disfrutando con Susy.
Cuando la noche avanzaba y Susy cerraba su abanico que
siempre la acompaña y la hace más mujer, alguien entonó a capela Madame Ivonne.
Entonces, el dibujo de Alejandra Pizarnik que adorna una de las paredes de la biblioteca de la SEA parecía reírse
con descaro.